El Planeta-X

El día de hoy me sorprendí cuando, en el Timeline de Facebook, apareció la noticia del hallazgo de un nuevo integrante en el Sistema Solar. Pero no otro cometa ni planeta enano como Plutón, sino que un planeta gigante del tamaño de Neptuno. Generalmente paso por alto noticias así, debido a que noticias dudosas de sitios dudosos abundan en internet (tal como los supuestos tres días de oscuridad predichos por la NASA). Sin embargo, esta vez la fuente era la página de Science. Si bien la fuente de la que proviene una noticia no necesariamente indica si ésta es cierta o no (falacia de apelación a la autoridad), existen fuentes más confiables que otras; y el verificar esto nos puede dar una idea de si la noticia que leemos es verdadera o no. Echándole un vistazo entonces al sitio de Science, encontramos que sí existe un estudio serio que afirma la posible existencia de un nuevo planeta. ‘Afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria’ decía Carl Sagan, ¡y esta vez sí disponemos de las extraordinarias evidencias!

Un Poco de Historia:

Hace mucho tiempo atrás, cuando recién nos estábamos mudando desde la visión geocéntrica del Universo a la heliocéntrica, los planetas conocidos que orbitaban en torno al Sol eran sólo seis: Mercurio, Venus, nuestra Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Gracias a la Ley de Gravitación Universal de Newton, la Astronomía fue capaz no sólo de identificar planetas en el cielo sino también de predecir la existencia de otros nuevos por medio de los efectos gravitacionales observados sobre los planetas ya conocidos. Así fue cómo supimos luego de la existencia de Urano y Neptuno. Y fue así también cómo después descubrimos Plutón en 1930, aunque luego en 2006 sería relegado al rango sólo de “planeta enano”. Actualmente entonces, sabemos que nuestro Sistema Solar está compuesto principalmente por nuestra estrella reina (el Sol), ocho planetas, los satélites que éstos tengan y algunos planetas enanos más allá de la órbita de Neptuno (además de asteroides y cometas).

En 1906, Percival Lowell determinó que las anomalías en la órbita de Urano no se explicaban sólo con la existencia de Neptuno, por lo que se dedicó a la búsqueda del planeta faltante que solucionaría el problema gravitacional sobre Urano. Lamentablemente él no vivió para ver el descubrimiento de Plutón en 1930 (murió en 1916), pero al menos queda el consuelo de que el planeta se descubrió desde el observatorio que lleva su nombre, y de que el símbolo “PL” de Plutón son también sus iniciales. Pero lo más lamentable era que Plutón era demasiado pequeño para influir sobre la órbita de Urano, por lo que la búsqueda de un nuevo cuerpo que solucionara el problema (planeta-X) era necesaria.

Medio siglo después, cuando los planetas ya no se estudiaban desde la Tierra sino desde las sondas especiales enviadas, nuevos cálculos hechos por la sonda Voyager mostraron que las órbitas de Urano y Neptuno se acoplaban bastante bien: no era necesario un planeta-X.

Respecto al planeta-X, me queda la duda de si el ‘X’ se debe a su carácter de misterioso (así como los rayos-X, o el Sr. X de Los Simpsons), o simplemente a que sería el décimo planeta en conocerse (X es 10 en números romanos). Me inclino más por la primera opción porque al parecer el término “planeta-X” lo acuñó el propio Lowell cuando los planetas conocidos eran todavía ocho. Lo cierto es que el término prevaleció, aunque no siempre de la mejor manera. En término “planeta-X” fue utilizado luego por hordas de conspiranoicos para vender sus charlatanerías, motivo por el cual actualmente se le asocia más a pseudo-ciencia… hasta ahora.

Evidencia Extraordinaria

La publicación “Evidencia de un lejano planeta gigante en el Sistema Solar” fue publicado hoy 20 de enero por la revista The Astronomical Journal (una de las revistas más importantes en el mundo de la Astronomía) por los académicos del Instituto de Tecnología de California (más conocido como CalTech), Konstantin Batygin y Mike Brown. En el estudio, los autores analizan el comportamiento de algunos cuerpos de Cinturón de Kuiper en ciertas zonas lejanas dentro de éste. De acuerdo a ellos, se observan acumulaciones de cuerpos que tan sólo en un 0,007% serían producto de la casualidad. ¿La posible explicación entonces? La existencia de un cuerpo con una masa al menos 10 veces superior a la de la Tierra orbitando allí. Dado que la masa de Neptuno, por ejemplo, es de 17,1 veces la masa de la Tierra, estamos entonces hablando de que este nuevo “cuerpo” debe ser un planeta. Este planeta seguiría una trayectoria muy excéntrica, ubicándose a 600 UA del Sol en su punto más cercano y a 1200 en su punto más lejano (recordemos que una unidad astronómica UA equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol). Si pensamos que Neptuno se encuentra tan sólo a 30 UA de distancia del Sol, notamos que este nuevo planeta se sitúa en las regiones más alejadas del Sistema Solar, tal como lo muestra esta foto:

Orbits_1280_PlanetX2

Órbitas del nuevo “planeta-X”, comparada con la de otros cuerpos del Cinturón de Kuiper y con la de los planetas conocidos. Se ve a simple vista que la órbita propuesta para el nuevo planeta está extremadamente lejos de la parte más interna del Sistema Solar.

Aquí, la palabra clave es evidencia. Nótese que en ningún momento hablamos de ‘haber descubierto un planeta’, sino de evidencia sólida que indica la existencia de un planeta. Hasta que no veamos este cuerpo en un telescopio no podemos hablar de “descubrimiento”. ¿Se ve desacreditado entonces el hallazgo? De ninguna manera: recordemos que Urano, Neptuno y Plutón fueron predichos con evidencia antes de ser observados, y lo mismo se aplica para los agujeros negros o para el Bosón de Higgs. Recordemos que han sido las predicciones basadas en evidencias las que le han dado a la Ciencia su credibilidad.

Lo sorprendente de este estudio, aparte del gran tamaño que debe tener el planeta (casi del tamaño de Neptuno, en comparación con los pequeños cuerpos que siempre se encuentran allí), fue el extenso análisis que hicieron los autores Batygin y Brown para dar a conocer su resultado y vencer el escepticismo. Como decíamos anteriormente, la idea del planeta-X ha entrado en el último tiempo al terreno de la pseudo-ciencia. Numerosas son las teorías conspirativas acerca de un planeta desconocido que viene a destruir la Tierra o a salvar a la Humanidad. Esto explica por qué, al aparecer alguna noticia acerca un “planeta-X”, los Astrónomos fruncimos el ceño diciendo ‘¿otra vez con esa tontera?’. Sin embargo, los autores de este trabajo supieron entregar detalladamente las pruebas que sostenían su hipótesis hasta lograr vencer el escepticismo. Así es como trabaja la Ciencia: en base a evidencia sólida capaz de resistir los cuestionamientos.

Pero ahora que se da a conocer esta fantástica noticia (siempre es fantástico conocer un nuevo vecino en nuestro Sistema Solar), sin duda de aquí saldrán nuevas noticias conspiranoicas. Para que usted no se deje engañar, aclaremos ciertos puntos.

Derribando futuros mitos

Curiosamente, hace una semana apareció en televisión un tipo hablando de ‘los planetas que vienen en dirección a la Tierra’. Ahí, este personaje mencionó algunos cuerpos del Cinturón de Kuiper como posibles golpeadores de la Tierra que acabarán con nosotros, aduciendo a que ‘los mayas hablan de un impacto que sufrió la Tierra del cual se formó la Luna’ (al parecer nadie le contó que la Luna se formó miles de millones de años antes que aparecieran los humanos). Puede ver el video acá (advertencia: no me hago responsable por las consecuencias que le provoque escuchar tanta estupidez junta). Quizá ahora quiera incluir a nuestro “planeta-X” real para seguir engañando a la gente.

Respecto a si el planeta-X es capaz de chocar con la Tierra, la respuesta es un categórico NO. Miren una vez más la imagen a escala de arriba: la órbita de nuestro nuevo planeta está extremadamente lejos del interior del Sistema Solar. Recordemos que orbita a una distancia del Sol de entre 600 y 1200 UA (Neptuno lo hace a 30 UA y la Tierra a 1 UA). En el peor de los casos, la distancia más próxima a la Tierra sería de ¡599 veces la distancia Tierra-Sol! Estaría tan lejos, que veríamos al planeta-X como era hace 3 días y medio, en comparación con que al Sol lo vemos como era hace sólo 8 minutos, y la Luna como era hace 1 segundo. Por lo tanto, está tan lejos que no existe ninguna posibilidad de que choque con nosotros.

¿Tendría alguna influencia el planeta-X sobre nosotros? La respuesta es otro NO categórico. Y la razón es la misma que la anterior: está tan lejos que no sentimos su influencia gravitacional. La fuerza gravitacional que ejercen sobre la Tierra los cerca de 473 mil vehículos que circulan en Concepción es 1400 superior a la que ejerce el planeta-X. Y sabemos que los vehículos no producen terremotos ni ningún desastre por efectos gravitacionales.

¿Podría alguna civilización antigua haber predicho la existencia del planeta-X? Adivinen: otro NO. Como dijimos al principio, antiguamente sólo se conocían los planetas hasta Saturno. La razón está en que la magnitud aparente de cuerpos como Urano, Neptuno y todo el Cinturón de Kuiper está por debajo del límite de visión para el ojo humano. Por eso, no es de extrañar que todos los planetas mencionados anteriormente sólo fueran descubiertos después de que a Galileo se le ocurrió ocupar el telescopio para mirar el cielo en 1609. El gran conocimiento astronómico que tuvieron pueblos de la Antigüedad (como los mayas) se limitaba a describir el movimiento de los astros visibles al ojo con gran precisión, pero difícilmente descubrirían objetos lejanos sin la tecnología para ello (telescopios). Apelar a la “sabiduría antigua” es una falacia común: el que algo sea antiguo no significa que sea cierto. Antiguamente se consideraba a las mujeres “inmundas” durante el período de la menstruación, ¿les parece lógico decir que esto es cierto sólo porque es “conocimiento antiguo”?

Como conclusión, la noticia de la evidencia encontrada a favor de un nuevo planeta en el Sistema Solar, en lugar de ser motivo de temor, debe ser motivo de alegría. De confirmarse todas las evidencias mostradas por Batygin y Brown (es decir, cuando observemos por telescopio el planeta-X y le demos un nombre más elegante), podremos saber mucho más acerca del origen del Sistema Solar, junto con formularnos preguntas nuevas. ¿Por qué existe un planeta gigante tan lejos del Sol en comparación con los otros? ¿Habrá sido “expulsado” desde el interior del Sistema Solar? Sólo el tiempo nos aportará las evidencias necesarias con tal de resolver estos misterios.

El artículo original de Science (en inglés) puede verlo aquí.

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