Predicciones

“Si cometes imprudencias y te expones de manera irresponsable a la intemperie podrías terminar debilitando tu sistema inmunológico y contraer alguna infección pasajera, pero muy molesta. ”

“El Sol continuará su vida por aproximadamente 5 mil millones de años más. Luego de eso, se expandirá y se convertirá en una estrella gigante roja, la cual acabará con toda la vida en la Tierra.”

“El bus sale de Concepción a las 23.50 horas. Llegará a Valparaíso a las 6.40 del día siguiente.”

¿Qué tienen en común estas tres sentencias? Simple: corresponden a predicciones: buscan decir qué pasará antes de que ocurra uno o varios acontecimientos específicos. Sin duda, el anticiparse a lo que ocurrirá en el futuro (sea éste en un par de horas después, mañana, al año siguiente o en miles de años más) es muy útil y necesario, ya sea por curiosidad o para prepararse mejor frente a lo que viene. No es de extrañar entonces que éste sea uno de los objetivos que más ha buscado la humanidad: predecir el futuro.

De aquí podemos inferir la razón por qué son tan populares prácticas de adivinación como el tarot, lectura de manos, horóscopo, entre otros. También metemos aquí a los que dicen predecir terremotos. Todos estos personajes tienen gran cabida en los medios de comunicación, especialmente televisión e internet (ojalá los científicos tuviéramos tanta cabida). Mucha gente suele creerles (luego del bombardeo mediático quién no), y los cita como ejemplo de que ‘tu ciencia no puede explicarlo todo’. Sin embargo, la Ciencia también vive de predicciones y, en efecto, han sido estas mismas predicciones las que le han permitido a la Ciencia contribuir de sobremanera a la Humanidad.

Pero vayamos por partes, ¿cómo distinguimos entonces una predicción real de una simple venta de humo?

La respuesta parece obvia: a partir de si aciertan (si le “achuntan”) o no. Pero no basta con que adivine sólo una vez, sino que debe demostrar que sus aciertos no son debido a la suerte. Por ejemplo: si yo intento adivinar seis veces qué cara saldrá en un dado y sólo acierto una, ¿diría usted que soy un gran adivino por haber adivinado correctamente una vez pero equivocarme en las otras cinco? Difícilmente, pues la probabilidad de adivinar la cara de un dado es de un 16,67% (1/6, una correcta sobre seis posibles), por lo que en seis lanzamientos no es de extrañar haber acertado una vez. Si hubiera predicho correctamente qué cara del dado salía en TODOS los lanzamientos (o a lo mejor SÓLO en cinco de los seis casos), ahí recién podríamos hablar de un “don” para adivinar; aunque habría que evaluarlo lanzando más dados (veamos si acierto a todos luego de 100 lanzamientos). Esto es lo que pasa con los supuestos “predictores” de terremotos: si bien aciertan de vez en cuando, un 15% (nada raro, pensando que en Chile tiembla prácticamente todos los días), fallan tanto que esos aciertos no son más que azar. Como queda en evidencia, es más probable achuntarle a un dado que a un terremoto.

Entonces, unos cuantos aciertos no garantizan que una predicción sea correcta. Como consejo: si les hablan de un método que supuestamente predice pero su porcentaje de acierto es menor al de adivinar la cara de un lado (16,67%) tengan la seguridad que se trata de una estafa.

Pasemos ahora a otro caso. ¿Qué pasa cuando las predicciones son tan ambiguas que cuesta evaluar si son ciertas o no? Lean, por ejemplo, la primera de las citas que incluí al principio de esta entrada, tomada desde un horóscopo de internet. Si la leyera usted en su horóscopo, ¿la consideraría acertada? Naturalmente que sí, porque lo que dice es algo obvio. ¿Necesita usted que un horóscopo le diga que si ‘se expone a la intemperie’ se acabará resfriando? Es una ridiculez. La gente cree en el horóscopo bajo un efecto psicológico llamado Efecto Forer, el cual consiste en sentirse identificado con alguna frase supuesta mente escrita y pensada para nosotros pero que en la práctica no es más que un cliché. Si no me cree, entre a esta página y lea lo que dicen, y la asombrosa cantidad de gente que se identifica con frases genéricas. Si invertimos los signos (por ejemplo, hacemos que alguien Virgo lea lo escrito para los Aries, etc), veremos que la gente seguirá identificándose porque siguen siendo sólo eso: frases genéricas.

Entonces, ¿qué predicciones sí funcionan? ¿Cómo saber reconocerlas?

Miremos las otras dos frases mostradas al principio. La segunda nos dice qué pasará en miles de años más con el Sol, y la tercera simplemente predice a qué hora llegará un bus a cierto destino. Echémosle un vistazo a esta última, ¿cómo sabemos a qué hora llegará un bus a una ciudad? Lo calculamos a partir de ciertos factores como la distancia y la hora de salida. Si un bus interurbano avanza en promedio a 100 km/h, y entre Concepción y Valparaíso hay unos 600 km de separación, podemos estimar que el viaje durará 6 horas (aunque sumándole detenciones, o que pase a una ciudad intermedia como Santiago, el viaje dura en promedio 7 horas). Así, si conocemos la hora a la que salimos, y sabemos cuánto dura el viaje, sabremos a qué hora llegaremos. No es un ejercicio muy difícil, pero es una predicción con todas sus letras. Otro ejemplo, si en vez de irnos en bus nos vamos en nuestro propio auto, cuyo motor rinde 10 kilómetros por litro. Si lo llenamos con 40 litros antes de partir, podré “predecir” que se me acabará la bencina antes de llegar a destino porque sólo alcanzaré a recorrer 400 kilómetros (por lo que tendré sí o sí que pasar a una bencinera). Si bien los ejemplos dados aquí pueden parecer cosas obvias, son predicciones con todas sus letras salvo que, a diferencia de los casos anteriores, están basadas en observaciones analíticas y en la lógica.

De una forma quizá menos obvia pero usando la misma lógica, es como funciona la Ciencia para hacer sus predicciones. Por ejemplo, ¿cómo sabemos que el Sol se apagará tarde o temprano? Simplemente porque tarde o temprano se le va a agotar el combustible, de forma similar a un auto que se queda sin bencina. Y el tiempo hasta que eso suceda se calcula en base a cuánto combustible (hidrógeno) tiene y de qué forma lo consume, similar al ejemplo (de nuevo) del estanque de bencina. Si bien estos cálculos son un poco más complejos que el ejemplo de la gasolina (para saber cuánto tiempo vivirá una estrella necesitamos conocer su tamaño, temperatura y luminosidad), vemos finalmente que las predicciones se derivan de algún cálculo matemático. De forma análoga, podemos predecir cuánto tiempo tardará una pelota en caer desde cierta altura, o cuanto tiempo falta para el próximo eclipse.

Sin embargo, a pesar de lo muy lógico que parezcan estas “predicciones científicas”, no nos sirven si no se cumplen. Es por eso que, en Ciencia, el filtro para saber si una teoría es correcta o errónea será su capacidad de predecir resultados. Por ejemplo, una teoría que predice que una pelota tardará 10 segundos en caer no nos servirá mucho si, al hacer el experimento, notamos que se tardó 20. Así, las predicciones están contempladas dentro del método científico a modo de filtro. Si una hipótesis (idea) predice algo distinto a lo que se observa en la Naturaleza, debe ser corregida o descartada. Estas predicciones son del estilo “si proponemos A, pasará B (o encontraremos B)”. Si la Teoría de la Evolución es correcta, encontraremos fósiles distintos en distintas capas de la Tierra. Si la Teoría de la Relatividad es correcta, encontraremos partículas que viven más tiempo cuando se mueven a velocidades cercanas a la de la luz. Si la Teoría del Campo de Higgs es correcta, encontraremos el Bosón de Higgs tarde o temprano. Si los modelos de evolución estelar son correctos, encontraremos cierta proporción entre estrellas jóvenes y viejas. Y así, hay un largo etcétera. Es esta capacidad de predecir con alta precisión es la que hace de la Ciencia una herramienta altamente efectiva para interpretar el mundo que nos rodea.

Alguien podrá decirme que las predicciones científicas también se equivocan, dando como ejemplo el pronóstico del tiempo. De repente está nublado cuando el día anterior habían pronosticado un día soleado. ¿Qué pasa en estos casos? Bueno, el caso particular del tiempo es complicado porque depende de muchos factores. Un ejemplo muy burdo: si observamos desde el espacio que una nube cargada de agua se mueve hacia nuestra localidad (de modo de que llegará al día siguiente, como en el caso del bus), podremos decir “mañana habrá lluvia”. Sin embargo, esta nube puede desviarse o disolverse, dependiendo de factores difíciles de medir. De aquí, la predicción de la lluvia no es categórica sino que va con alguna probabilidad que, de todas formas, es alta (típicamente superior a un 80%). Haga el ejercicio: mire el pronóstico del tiempo y luego compare cuántas veces aciertan y cuántas fallan. Por lo tanto, acá pasa lo contrario que en el caso de los predictores de terremotos: los errores son tan escasos que no opacan a los aciertos.

Lamentablemente, la gente suele fijarse más en los casos aislados que en la tendencia general. Nos fijamos más en los errores del pronóstico del tiempo que en sus aciertos (“los del tiempo nunca le achuntan”) y más en los aciertos de los predictores de terremotos que en todos sus fallos (“los de Red Quake Alert le achuntan siempre”). Yo lo asumo como un efecto psicológico de percibir más los eventos extraños (un sesgo cognitivo), pero mejor le pregunto a un experto en psicología.

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5 comentarios en “Predicciones

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